Las estaciones meteorológicas siempre dicen la verdad
Una de mis más ancestrales costumbres es la de revisar un par de veces al día la temperatura exterior del lugar en el que me encuentro (generalmente la ciudad mediterránea en la que vivo desde que nací: Alicante). Honestamente, no recuerdo la última vez que dicha temperatura era inferior a 25 grados (29 marca el termómetro a las 02:11 mientras escribo estas líneas socorrido por un ventilador industrial). Y sí, también tengo la sensación de que cada vez hace más calor y de que hace veinte años las mañanas estivales eran mucho más frescas. Evidentemente, estos elementos son insuficientes para afirmar que el cambio climático es una realidad.
Además, siempre he pensado que desde la escala humana es imposible detectar cualquier cambio de régimen de los fenómenos terrestres, que los procesos de la Tierra van lentísimos y todo lo que percibimos desde nuestra posición es simple ruido estadístico, fluctuaciones de una muestra temporal insignificante, 100 años a lo sumo, que apenas da pistas de la tendencia real hacia la que se mueven dichos fenómenos globales.
Un pequeño ejercicio que podría aportar algo de luz al asunto sería analizar los datos históricos de temperaturas máximas y mínimas de mi ciudad. Como estoy relativamente contento con la aportación del machaca en el artículo anterior, voy a volver a invocarlo a ver qué nos cuenta. Esta vez le solicitaré que busque los históricos, los analice y haga una interpretación matemática y climatológica de los resultados. Que se moje un poco y nos diga si las temperaturas de los últimos años están dentro del rango esperable o tiene pinta de que hay algo empujando fuerte hacia arriba.
Como dice el autor, las mañanas de la infancia son un archivo meteorológico discutible. Si queremos saber si el clima ha cambiado, habrá que hacer algo menos evocador y mirar los termómetros.
Para ello, he usado los registros diarios de GHCN-Daily para Alicante ciudad (SPE00101043) y Alicante-El Altet (SPE00101035). Tomo los veranos completos —junio, julio y agosto— entre 1967 y 2025 y descarto lecturas ausentes o marcadas con problemas de calidad. La comparación es deliberadamente simple: los primeros 21 veranos, 1967—1987, frente a los seis últimos completos, 2020—2025. Cada verano cuenta como una observación: los días consecutivos de una ola de calor no son independientes, aunque aparezcan en filas distintas. Convertir más de cinco mil días correlacionados en cinco mil pruebas independientes sería un truco feo incluso para este blog.
| Variable estival | Alicante ciudad 1967–1987 → 2020–2025 | El Altet 1967–1987 → 2020–2025 |
|---|---|---|
| Mínima media | 18,43 °C → 21,79 °C (+3,37 °C) | 18,94 °C → 21,38 °C (+2,43 °C) |
| Máxima media | 29,41 °C → 31,35 °C (+1,95 °C) | 28,89 °C → 31,29 °C (+2,40 °C) |
| Noches tropicales* | 23 → 73 (+50 por verano) | 32 → 68 (+35 por verano) |
* Noche tropical: aquella cuya temperatura mínima diaria es mayor a 20 °C.
Lo más llamativo está en las noches. En Alicante ciudad, el verano reciente medio tiene unas 73 noches tropicales de 92 posibles; hace medio siglo eran 23. En El Altet el salto es algo menor, pero sigue siendo brutal. No estamos hablando de recordar mal una tarde de agosto: la parte del día que debía enfriar ha cambiado de régimen.
Conviene traducir los intervalos de confianza antes de usarlos como decoración estadística. No dicen que la temperatura vaya a oscilar entre esos valores, sino cuál es el margen de incertidumbre de nuestro cálculo del salto. Teniendo en cuenta la variabilidad entre veranos y el tamaño de las muestras, los datos son compatibles con un aumento de las mínimas de entre +2,62 y +4,11 °C en la ciudad y entre +1,50 y +3,37 °C en El Altet, con un 95 % de confianza. El cero no está en ninguno de los dos rangos. Son intervalos amplios porque seis veranos no son una colección infinita de datos; aun así, todos describen un aumento grande. Las máximas van en la misma dirección en ambas estaciones.
Duplicar la estación no convierte el resultado en una demostración metafísica. Ciudad y aeropuerto comparten el mismo clima, claro, pero no el mismo instrumento ni el mismo entorno. Que ambos vean el mismo desplazamiento hace mucho menos verosímil la explicación cómoda: que Alicante se haya calentado porque el aparato estaba roto o porque la ciudad se ha calentado alrededor de una sola garita.
La prudencia final es obligatoria. Dos estaciones de Alicante no demuestran por sí solas que exista un cambio climático global; para afirmar eso habría que analizar estaciones repartidas por el planeta, homogeneizar sus series y estudiar el sistema climático en conjunto. Este análisis es bastante más modesto. Pero responde a la pregunta local: en Alicante sí parece que el clima está empujando hacia arriba, sobre todo durante la noche. La película ha cambiado, y la explicación de la simple varianza ya no da para sostenerla.
El machaca apareció con su rigor y cinismo habituales para soltarme los dos hachazos reglamentarios y de paso dejar una cosa clara: en Alicante cada vez hace más calor. No es varianza. No es mala suerte. No es “es que en verano siempre ha hecho calor”. Es un aumento de casi 3 grados en el periodo 2020-2025 respecto a 1967-1987, con el triple de noches tropicales.
¿Estamos ante un fenómeno natural cuya tendencia de cambio es perceptible a escala humana? Eso suena interesante pero acojona. Si no es varianza, acojona. Sería como poder percibir el movimiento de las placas tectónicas durante la vida. Y varianza no parece que sea porque el intervalo de confianza del 95% queda lejos del 0, a +1.50 en la cola más cercana.
Con los datos de este artículo como única prueba y jugando a ser escépticos, podríamos pensar: bueno, quizás sea un fenómeno local y en otros puntos del planeta se esté compensando la temperatura de forma que en promedio todo sigue igual. Lo dudo, pero vale. En ese caso, agradecería que alguien nos diese explicaciones a los alicantinos sobre por qué cojones hace cada vez más calor en esta ciudad y hasta dónde van a subir las temperaturas. Solo queremos dormir por las noches.
Realmente esta entrada me ha dejado lleno de pesimismo, asumiendo que cada verano será peor que el anterior, que avanzamos hacia terrenos desconocidos y que la situación parece estar muy lejos de revertirse.